Los manantiales del sexismo
Abuelo: Ahí está nuestro primer nieto y es un niño.
Abuela: Eh, ¿a que se le ve muy fuerte? Mira cómo amenaza con el puño. Va a ser un gran luchador.
Abuela: Se parece a ti. Tiene mandíbula fuerte como tú. ¡Oh, mira, está llorando!
Abuelo: Si. Escucha ese par de pulmones. Va a ser un tiarrón.
Abuela: Pobrecito, sigue llorando
Abuelo: Está bien. Es bueno para él. Hace ejercicio y así desarrollará sus pulmones.
Cuando se van para felicitar a los padres, llegan los abuelos del orto bebé (es decir de la niña). El diálogo entre ellos es el siguiente:
Abuela: Ahí está. La única con gorrito roa en la cabeza. ¿No es un amor?
Abuelo: Sí. Qué pequeña es. Mira qué deditos más pequeños tiene.
Abuela:¿No es una monada? Creo que se parece un poco a mí.
Abuelo: Sí, tal vez un poco. Tiene tu barbilla.
Abuela: ¡Oh, mira, está llorando!
Abuelo: Tal vez deberíamos llamar a la enfermera para que la coja o la cambie o algo…
Comentarios
Me aterra la idea,que después de tantos años de lucha por la igualdad, sucedan casos como el que nos dice en su comentario,y que las instituciones no trabajen más por erradicar esta lacra social.
Es efectivo y comparto que la mejor manera de atajar de raíz este tema es encontrar los orígenes y mejorar en educación.
Pero la clave está en ayudar a vivir a las víctimas de estos individuos malvados que utilizan la fuerza como verdaderos verdugos humanos para quitar la voz a personas de talante bueno,comprensivo,leales y que ellos destruyen de manera lenta hasta llegar al suceso que comenta.
Alzo la voz en este día,como en otros,para que mi lucha sirva,como los granos de arena para formar una montaña.
Tengo esperanzas en que esto acabe y podamos creer en un futuro mejor lleno de paz.
Como mujer agradezco éste comentario.
Feliz día para todos.
Sin más me despido con un cordial saludo
Es tan sangrante la discriminación que no se puede imaginar uno cómo se perpetúa ni un segundo más.
No es fácil la solución, pero hay que intentarlo por todos los medios.
Estoy con MA que una de las soluciones más decisivas es la educación, o mejor dicho, la coeducación.
Si lo seguimos dejando pasar nunca se terminara o disminuirá este tipo de comportamientos.
Gracias maestro.
Un abrazo.
Ya lo verás, querido amigo, ya verás (no sé si yo lo veré) pero probablemente tú -y so no tú, tus hijos- van a ver sacerdotisas, cardenalas y obispas… Es de puera lógica. es de estricta justicia. Negar a estas alturas el androcentrismo de la Iglesia, no es razonable. Conozco sacerdotes y religiosas que se muestran en desacuerdo con la discriminación. El motivo que se alega de que Jesucristo eligió varones para el apostolado no se sostiene. Porque también eligió casados y se sigue imponiendo el celibato.
De verdad que me siento mal cuando veo a la curia cardenalicia, con sus mitras y báculos…, mientras que las monjitas preparan el altar.
Claro que es magnífico ser humilde y ser sencillo y ser bueno. Pero no me negarás que resulta “chocante” que se denomine al modelo de mujer por una característica física como es la virginidad.
Mi respeto por las monjitas, pero estoy seguro de que si hubiéramos tenidos más mujeres en el poder de la Iglesia, el mundo sería distinto (y mejor).
Nø me hagas trampas: yo no quiero mujeres en el poder de la Iglesia para que las crucifiquen sino para que puedan dar otra dimensión al poder.
Hacer estas críticas a la Iglesia no es atacarla sino invitarla a ganar en racionalidad y justicia.
Claro que la mujer fue la que nos llevó al pecado original, según la visión de las escrituras y de sus exégetas.
Y sí, yo no digo que debamos ser iguales en todo (hay hombre y mujeres). Solo en dignidad, derechos y oportunidades.
A la profesora de Torremolinos la mató un hombre por su actitud sexista (no sé si era cobarde pero indiscutiblemente era machista):
Gracias por tu largo comentario.
MAS
El poder tiene unas ínfulas de crueldad que quedan hivernadas, pero que ante cualquier excusa, saltan de su letargo y no gastan el tiempo en miramientos. El poder se despereza como un elefante en una cacharrería y desborda todo su poderío sin más consideraciones. El poder se vuelve ciego a pesar de estar recién despertado.
No podemos distinguir, ni andar con filosofías y sociologías, si el poder es personal, político, económico, social o religioso. El poder está muy pagado de sí mismo, pero les pasa las facturas a los otros. No hay que estar muy al día, vale recoger cualquier muestra aleatoria en el discurrir de las horas y nos sobran hasta las estadísticas. Nos vale una población de sujeto único, cuando el poder dice: “Aquí estoy yo”.
Estamos tan cómodos con el poder, que se escuchan, a tres bandas en un juego ilustrado de billar y a los cuatro vientos, verdaderas apologías, por que se cambie de sitio, de propietario o de decorado. Se escucha: “El pueblo unido jamás será vencido”. Quizá sería mejor que se pudiera cantar: “El pueblo unido funciona sin partidos”, que son los que se ponen las medallas del buen hacer y por eso nos va como nos va. También se escucha que el matriarcado sería menos cruel, pero tenemos verdaderos prototipos que nos han defraudado. Incluso hemos escuchado: “La imaginación al poder”, pero somos conscientes de que también puede corromperse. Por ello nos parece mejor que la imaginación “nos la repartimos entre todos y nos la administramos” y de camino el poder dejará de estar secuestrado y dejaremos de estar embargados por los cuatro costados.
Desde pequeños se nos ha alimentado la devoción al poder, tanto familiar como político, religioso, económico, social. Sin embargo, por si este troquelado (Konrad Lorenz) fuera insuficiente se nos refuerza constantemente. Los medios de comunicación, la publicidad y un sinnúmero de informaciones y noticias nos jibarizan el cerebro para que no nos quepa la menor duda.
Algunas religiones, sobre todo aquellas que se han permitido el lujo de los mimetismos de los poderosos, han servido de caldo de cultivo para la cultura de la violencia. El machismo, incluso tácitamente aceptado y promovido por las propias mujeres como esposas y madres, ha tomado cartas de naturaleza, cuando sólo eran cartas culturales, aunque dijeran que estaban escritas correctamente sobre renglones torcidos. Para muestra un botón: En la Sagrada Biblia, en I Reyes 11-3, podemos leer: “Tanto, que (Salomón) tuvo setecientas mujeres en calidad de reinas y trescientas mujeres secundarias, y las mujeres pervirtieron su corazón”. Como vemos, Eva, que pervirtió a Adán, era una verdadera santa. Estas matrices de pensamiento han rodado por los siglos y en todos los siglos han sido escasas las correcciones. Todavía se escucha como en la España de Manolo Escobar aquello de “el vino y las mujeres”.
Esperamos que en el siglo XXI podamos repartirnos derechos y obligaciones, sin asimetrías que consagren por más tiempo el papel secundario de la mujer, cuando no el rol de objeto. Como es la Educación, con mayúsculas, la que nos tiene que aclarar algunos temas, haciendo toda la crítica constructiva y constructora de la equiparación en dignidad y respeto de todas las personas, puede verse en Google, incluyendo comillas: “Educación y aborto cero”. Tampoco está de más una ojeada por el libro de Robin Norvood: “Mujeres que aman demasiado”.
Alguien tendría que denunciar a la Iglesia por discriminación de la mujer ante los tribunales de justicia.
Pido excusas por adelantado por insertar este testimonio en una fecha que ¿no corresponde? En cualquier caso, es mi homenaje a la mujer, ya que la voz de la narración le pertenece.
A las víctimas del
11 de marzo de 2004
in memoriam
Los que venimos diariamente aquí, a compartir este tiempo, tenemos nuestra propia biografía. Sheila, Alina, Layla, Petru, Zoltan, Javad, Danuta, Ming,… ¿Acaso alguno de ellos, como tantos otros, son felices lejos de su tierra? Hemos huido forzosamente. Con más o menos conocimiento de lo que hacíamos, aquí estamos como mano de obra barata realizando labores, a veces, de las que casi nadie quiere ocuparse.
¿Se puede medir, pesar, valorar o contar aquello que nuestros corazones dejaron al marchar? Porque traer…Solamente veníamos prácticamente con lo puesto.
Nunca es buen momento para emprender este camino, posiblemente sin retorno, pero observo en la mirada de los demás la sensación de que siempre llegamos en el peor momento.
Quizás tanta miseria personal se olvida cuando nos saludamos recién llegados cada mañana.
Sabemos que no todo el mundo piensa igual, que valoran algo más que nuestra presencia cuando nos ven entrar juntos. ¿Pero y los otros?
Que más les podemos decir a esas personas que piensan que con nosotros llegó la delincuencia, la inseguridad y la falta de trabajo. De nada les serviría hablar de la historia, de los cruces de culturas, de la diversidad, de que, en el fondo, todo aquello que nos separa, nos une y enriquece. Eso, posiblemente, ahora sería hasta peligroso.
Lo nuestro es más sencillo: cada día que pasa es una bendición de nuestro respectivo dios, que permite que podamos ver amanecer y que con este humilde salario otras bocas podrán alimentarse muy lejos de aquí.
La piel de Ahmoud, los ojos de Chang, los rasgos faciales de Ravindranath o el velo de Alina nos delata.
Somos distintos, pero nos respetamos. Eso es algo que noté desde el primer día cuando pasados los primeros instantes de confusión y recelo nos fuimos presentando de modo que cada uno pronunciaba su nombre y fijaba su lugar de procedencia mientras él, astutamente, nos provocaba con ternura para que cuanto antes nos contagiáramos de su confianza.
¿Quién diría que el esfuerzo común es divertido?
Ahí estamos reflejados en la pared: cómo nos llamamos, de dónde venimos y dónde estamos.
Celebramos nuestros tres primeros meses de convivencia compartiendo una fiesta en la que el motivo era un menú gastronómico.
Y ahora esto. Sé que ustedes lo están pasando mal, muy mal y que lo ocurrido permanecerá en sus memorias. A algunos, a esos de quien les hablaba antes, habría que recordarles que el fanatismo también se ha llevado por delante otras vidas, otras ilusiones. Y que el dolor se ha instalado sin conocer lengua ni religión.
Por eso debemos desterrar que no hay unos y otros, que no hay blanco ni negro, que no hay Dios, Yahvé o Alá,…
En esto pienso, mientras atendemos sus explicaciones antes de comenzar esta nueva jornada, cuando miro emocionada con cuanta dignidad una nueva compañera escribe lentamente, pero con firmeza, el día, mes y año de su primera clase de “español para extranjeros”.
Luis Eugenio Utrilla (marzo 2004)
Siempre oportuno este tipo de comentarios. Siempre emotivo y aleccionador.
Ayer, al comenzar mi clase del master, invité a mis alumnos y alumnas a guardar un minuto de silencio. El terror nos daña a todos. A los verdugos porque los envilece, a las víctimas por las mata o las hace sufrir y a los testigo porque les enseña el mal y les mete el miedo en el cuerpo y en el alma.has
Muchas gracias por compartir con todos las hermosas y profundas palabras de esta mujer.
MAS
Y no es que las mujeres valgan menos.
Esto es la institucionalización de la injusticia.
¿Hasta cuándo?
Este texto es de mi autoría como todos los que aporto en este impagable blog. Está escrito, como se expresa a pie de comentario, en el año de ese terrible atentado. Le dí mi voz en una narración en primera persona a esa mujer en un contexto pedagógico: un hipotético centro de adultos donde se imparte Español para Extranjeros. Lo he insertado por cumplir un doble cometido en esta semana de ¿celebraciones?
Luis Eugenio Utrilla
Gracias por tu generosidad, humanidad, cariño y magisterio.
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LIBERTAD









































Estoy de acuerdo en que hay que ir a las causas y tratar de que desaparezcan. Mientras sigan existiendo las causas, llegarán los efectos de manera inexorable.
El principio es claro: tenemos igual dignidad y de ese principio nacería el derecho a la igualdad. Pero no, la discriminación sigue presente.